{"provider_url": "https://www.elvalledeturon.net", "title": "Mujeres mineras", "html": "<h5><em>Nuestro agradecimiento a Montserrat Garnacho por su colaboraci\u00f3n y a Ediciones TREA que, en la persona de Carlos, &nbsp;amablemente ha aceptado el poner a disposici\u00f3n de www.elvalledeturon.net este cap\u00edtulo del magn\u00edfico libro &quot;Asturias y la mina&quot;. Esta obra publicada por la editorial gijonesa es un documento imprescindible a la hora de conocer nuestra regi\u00f3n y el hilo conductor industrial que la ha moldeado. Gracias por ello.<br /></em></h5><hr /><address><br />&nbsp;-&iquest;Y no te parece muy osado mezclar a las mujeres con este asunto de la mina, con el que nada tienen que ver?<br />-&iexcl;C\u00f3mo te atreves, bocazas! Las mujeres tenemos que ver con este asunto de la mina m\u00e1s del doble que vosotros. En primer lugar, porque parimos. En segundo lugar, porque somos las que tenemos que enviar all\u00ed cada d\u00eda a nuestros hijos y a nuestros esposos y las que tenemos que llorarlos...</address><br /><div style=\"text-align: justify; \"><strong>Y EN TERCER LUGAR</strong>, siguiendo con esa par\u00e1frasis de Arist\u00f3fanes y de su Lisistrata - que, como es sabido, de lo que est\u00e1 discutiendo con el<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/carboneras-del-nalon.jpg/image_large\" title=\"Carboneras del Nal\u00f3n.jpg\" height=\"402\" width=\"600\" alt=\"Carboneras del Nal\u00f3n.jpg\" class=\"image-right\" /> &laquo;bocazas&raquo; funcionario ateniense no es &laquo;de la mina&raquo;, sino &laquo;de la guerra&raquo;- podr\u00edamos a\u00f1adir que &laquo;el asunto de la mina&raquo; ata\u00f1e tambi\u00e9n a las mujeres porque ellas  fueron quienes mantuvieron con su trabajo buena parte de la estructura econ\u00f3mica y social que la hizo posible en cualquier \u00e9poca y lugar. Y no s\u00f3lo rezando y &laquo;criando a sus hijos entre amor y l\u00e1grimas y siendo las dignas compa\u00f1eras del hombre&raquo;, como anota el historiador Tu\u00f1\u00f3n de Lara en Asturias, un libro-homenaje a los mineros con textos de diversos autores (1964); y no s\u00f3lo siendo esas &laquo;madres coraje&raquo; que paren y atienden la casa y la familia y el ganado y la huerta y cuidan de los viejos y los enfermos y &laquo;a la boca del pozo lloran impotentes su agon\u00eda en silencio&raquo;, como las que nos encontramos en las canciones de V\u00edctor Manuel; sino, adem\u00e1s, realizando innumerables labores -guardabarreras, pantaloneras, lavanderas, alpargateras, chigreras, telefonistas, enfermeras, maestras, cocineras-sin las cuales nunca hubieran sido posibles las de la miner\u00eda.</div><h4>La historia de la mineria, tambi\u00e9n en femenino</h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />Pero, por si las anteriores razones fueran pocas, aun queda una \u00faltima y principal raz\u00f3n para relacionar a las mujeres con &laquo;el asunto la mina&raquo;. Y esta vez, no de modo tangencial, sino directamente. Porque, aunque nos empe\u00f1emos una y otra vez en olvidarlo por una mal\u00e9vola y end\u00e9mica enfermedad social de la memoria; y aunque siempre haya quienes -como el &laquo;bocazas&raquo; funcionario ateniense- se rasguen las vestiduras ante la s\u00f3la menci\u00f3n del tema; y a\u00fan cuando sean las propias mujeres quienes m\u00e1s se escandalicen, lo cierto es que, en Asturias, al igual que en todas las minas de Europa, hubo siempre cientos de mujeres mineras -o carboneras, por nombre m\u00e1s conocido- trabajando en todas las actividades relacionadas con el carb\u00f3n, tanto en el exterior como en el interior de la mina. Y lo cierto es que la historia de la miner\u00eda asturiana de los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os es tambi\u00e9n una historia en femenino: la historia de nuestras abuelas, de nuestras madres, de nuestras vecinas. La historia de nuestro \u00faltimo siglo y medio de existencia, Nuestra propia historia. <br />&nbsp;</div><address>Dicen que les carboneres                                                                                   que tienen mui mala nota. <br />                                                                              iCarbonera ye la mia                                                                                              y nun la cambio por otra!</address><div style=\"text-align: justify; \"><br />&iquest;Que pod\u00eda hacer hasta mediados del siglo XIX un aldeano asturiano, con una econom\u00eda casi s\u00f3lo de subsistencia y trueque. para ganar algunos reales que le permitieran comprar un trozo de tierra, una vaca, unos zapatos? Muy poca cosa, salvo emigrar, hasta que empezaron a explotarse las minas. &iquest;Y qu\u00e9 pod\u00eda hacer una mujer? Menos a\u00fan, salvo arranc\u00e1rselo a los hombres, por matrimonio o como pudiera, como enseguida <img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/constantin-meunier.jpg/image_large\" title=\"Constantin Meunier.jpg\" height=\"768\" width=\"450\" alt=\"Constantin Meunier.jpg\" class=\"image-left\" />supo&nbsp;Paula, la madre del magistral Ferm\u00edn de Pas, de quien Clar\u00edn nos dice en La Regenta que &laquo;hablaba poco y miraba mucho. Despreciaba la pobreza de su casa y viv\u00eda con la idea constante de volar..., de volar sobre aquella miseria. Pero &iquest;c\u00f3mo? Las alas ten\u00edan que ser de oro. &iquest;D\u00f3nde estaba el oro? Ella no pod\u00eda bajar a la mina ...&raquo;<br /><br />En su Matalerejo tal vez no, pero en la Asturias de mediados del XIX s\u00ed que hubiera podido, como ya lo estaban haciendo muchas mujeres en las minas de toda Europa. Mujeres ni\u00f1as como las que en Inglaterra trabajaban &laquo;sacando los carbones por tubos a lo largo de galer\u00edas por medio de una correa y una cadena que pasan alrededor de su cintura y que despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo se vuelven jibosas y deformadas&raquo;, como denuncia Carleton Smith en 1833. Como esa joven Vagonera de Borain bajando al pozo del pintor belga C. Meunier. Como Catherine Maheu y las otras mujeres que en las minas francesas de Montsou alimentaban cada d\u00eda con su trabajo y sus vidas &laquo;Ia boca enorme, el est\u00f3mago siempre hambriento, los insaciables intestinos&raquo; de La Voreux y de una Revoluci\u00f3n Industrial &laquo;capaz de tragarse y de digerir de una sola vez a todo un pueblo&raquo;, como leemos en el Germinal de Zola. Mujeres como las que en Mieres, en Tur\u00f3n, en Lena, en Langreo, en Aller, en Laviana empezaron buscando en el carb\u00f3n s\u00f3lo un dinero ocasional -al igual que los hombres- y que trabajaban muy espor\u00e1dicamente, s\u00f3lo cuando hab\u00eda una repentina demanda de carb\u00f3n por parte de las empresas (como ocurri\u00f3 durante la paralizaci\u00f3n de la siderurgia vasca durante la tercera Guerra Carlista) pero que pronto se convirtieron &ndash; al igual que los hombres - en aut\u00e9ntico proletariado minero que tuvo que ir renunciando poco a poco a los modos de vida tradicionales para adaptarse a nuevos modos de vida y vivienda en tomo a bocaminas y pozos. Mujeres que, con frecuencia - excepto para las tareas que requer\u00edan especial fuerza f\u00edsica - los empresarios prefer\u00edan incluso a los hombres, por diversas razones: porque no perd\u00edan jornales ni andaban a navajazos ni beb\u00edan (salvo excepciones, como la de la madre de la Marianela de Gald\u00f3s, a quien precisamente despidieron de las minas de hierro de Socartes por emborracharse); porque si ven\u00eda una \u00e9poca de crisis, eran mano de obra de la que pod\u00edan prescindir sin problemas y sin que las reci\u00e9n nacidas organizaciones obreras le dieran al hecho ninguna importancia; y adem\u00e1s - sobre todo - porque aunque una mujer rindiera exactamente lo mismo que el hombre que trabajaba a su lado, cobraba solo la mitad .<br /><br /><br />En 1883 trabajaban en las minas asturianas de hulla  616 mujeres, a las que se fueron sumando muchos otros cientos y miles a lo largo del siglo XX. Mujeres cuyo peque\u00f1o nombre negro ha ido quedando enterrado por el derrabe de la \u00e9pica de las gestas mineras masculinas y a quienes apenas si recuerdan hoy -en palabras de A. Camus &ndash; las flautas an\u00f3nimas de nuestro pueblo: <br /><br />&nbsp;</div><address>El primer besu que d\u00ed <br />fue a una ne\u00f1a del Fondon,<br />como taba trabayando,<br />tou me Ilen\u00f3 de carb\u00f3n.</address><div style=\"text-align: justify; \">&nbsp;</div><h4>Mujeres como Rosaura o Florenta...</h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />Mujeres como Rosaura, la madre de Rosina, que bajaba cada d\u00eda con sus dos hermanas desde Prau Reondu a La Mariana para cargar los vagones en la galer\u00eda, a pie de rampa, y sacarlos con los bueyes hasta el descargadero. Como la t\u00eda Florenta, que bajaba dos viajes diarios desde el quince de Mariana hasta F\u00e1brica de Mieres con el carro del pa\u00eds y siempre fumando y cantando, haciendo crujir los ejes de la noche, par aquellos montes. O como Fina, que cuando la &laquo;huelgona&raquo; del 62 baj\u00f3 con las otras mujeres de Bra\u00f1anoveles a tirar piedras a los esquiroles y fue despedida por el Gabinete Negro de F\u00e1brica de Mieres junto con otros m\u00e1s de seiscientos mineros. Mujeres que entraban a trabajar a la mina todos los d\u00edas y que si nunca bajaron a los pozos, como las de Germinal o Borain, fue por la sencilla raz\u00f3n de que en Asturias no hab\u00edan abierto pozos todav\u00eda. Mujeres que, poco a poco, y debido a la presi\u00f3n social y las denuncias de las organizaciones obreras y a las sucesivas leyes prohibiendo &laquo;todo trabajo subterr\u00e1neo en el interior de las minas a los menores de diecis\u00e9is a\u00f1os y a las mujeres, cualquiera que sea su edad&raquo; - seg\u00fan leemos en el Reglamento de Minas, todav\u00eda en 1912- tendr\u00e1n que ir abandonando cualquier labor de interior.<br /><br />A los empresarios esas prohibiciones les daban igual, a estas alturas. Las que se refer\u00edan a los ni\u00f1os, porque se las saltaban; y las que afectaban<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/grupo-de-mineros.jpg/image_large\" title=\"Grupo de mineros.jpg\" height=\"418\" width=\"580\" alt=\"Grupo de mineros.jpg\" class=\"image-right\" /> a las mujeres, porque desde finales del XIX las empresas hab\u00edan empezado a lavar y escoger todo el carb\u00f3n para hacerlo mas competitivo y no hab\u00eda ninguna raz\u00f3n para que ellos se enfrentaran a las denuncias de la OlT., al vocer\u00edo de la prensa e incluso a la propia Iglesia Cat\u00f3lica y el pensamiento rerum novarum de Le\u00f3n XIII cuando, de todos modos, alguien ten\u00eda que hacer las labores de exterior. <br /><br />Oficialmente, seg\u00fan Datos para el estudio de la cuesti\u00f3n social de Femando Garc\u00eda Arenal, a finales del XIX &laquo;las mujeres trabajan en la cuenca minera s\u00f3lo en el exterior, ocup\u00e1ndose en el lavado y carga de wagones. Ganan pts. 1,05 y por este precio trabajan en los lavaderos&raquo; toda la noche, &laquo;en algunos como regla y en otros s\u00f3lo en las \u00e9pocas en que hay mucha demanda de carb\u00f3n: alternan en el trabajo de d\u00eda y de noche pero sin recibir aumento en el \u00faltimo caso. EI salario es la mitad que el de los hombres y menor que el de los chicos que ganan de 1,25 \u00e1 1,50&raquo;.</div><h4>o Paula o Raquel...</h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />No, aunque Paula hubiera podido bajar a la mina, nunca se hubiera hecho rica ni hubiera podido &laquo;volar&raquo;. Ni en Asturias ni en ninguna otra parte. Ni en aquellos a\u00f1os ni en las d\u00e9cadas posteriores. Y ni en las minas de carb\u00f3n ni en las de cobre o hierro o mercurio, en las que tambi\u00e9n trabajaron cientos de mujeres. Y ni aunque hubiera ganado diez veces m\u00e1s que un hombre, tampoco. Porque es que, adem\u00e1s de escaso, el dinero que las mujeres ganaban no era de verdad suyo, sino - como el trabajo- ocasional, prestado. Porque, dado que las mujeres no ten\u00edan entidad social, sino que eran s\u00f3lo las &laquo;hijas de&raquo; hasta que &laquo;tomaban estado&raquo; y se convert\u00edan en &laquo;esposas&raquo; y &laquo;madres de&raquo;, el dinero que pudieran ganar no era m\u00e1s que una parte del montoncito familiar. Aunque luego fueran ellas quien lo administraran, como hacia la Se\u00f1ana con el montoncito de la familia Centeno entre la que malviv\u00eda Marianela y que - escribe Gald\u00f3s - amaba a sus dos hijas y dos hijos mineros par encima de todas las cosas &laquo;siempre que se avinieran a trabajar perpetuamente en las minas, a amasar en una sola artesa todos los jornales, a obedecerla ciegamente y a no tener aspiraciones locas, ni af\u00e1n de lucir galas, ni de casarse antes de tiempo, ni de aprender diabluras ni de aprender sabidur\u00edas...&raquo;<br /><br />Los hombres, s\u00ed. Los hombres, s\u00ed quer\u00edan, pod\u00edan irse a vivir solos, en los numerosos cuarteles que se hicieron para ellos, o de pensi\u00f3n. Y pod\u00edan aprender sabidur\u00edas por la noche, en las escuelas para adultos que las empresas pagaban en los pueblos, o en la Escuela de Capataces de Mieres. Las mujeres no. Y ni aunque tuvieran alguna hija mayor y al volver por la noche de trabajar ya no hubiera que hacer lo de casa . Y, de hecho, la primera mujer perita, Raquel Fern\u00e1ndez, no termin\u00f3 su carrera hasta 1973, con un considerable revuelo social y entre chistes del tipo de los que firmaba en ese mismo a\u00f1o un tal Ra\u00fal en la revista Hulla de Hunosa, como ese en eI que vemos a una minera - &iexcl;con casco y collar de perlas y <img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/amalia-la-de-rozaes.jpg/image_large\" title=\"Amalia la de Rozaes.jpg\" height=\"365\" width=\"600\" alt=\"Amalia la de Rozaes.jpg\" class=\"image-left\" />vestido de abundante escote! &ndash; y a un minero frente a frente, se supone que ambos trabajando:<br /><br />&nbsp;</div><address>-&iexcl;Y no olvides que aqu\u00ed soy la perita!<br />-iY qu\u00e9 perita, madre m\u00eda, c\u00f3mo para com\u00e9rsela uno!<br />&nbsp;</address><div style=\"text-align: justify; \">&nbsp;</div><h4>Aprendiendo &quot;diabluras&quot;</h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />Y adem\u00e1s, los hombres pod\u00edan &laquo;aprender&raquo; tambi\u00e9n todas las &laquo;diabluras&raquo; que quisieran. Las mujeres, en cambio, ten\u00edan que ser &laquo;formales&raquo; o pagar muy caras las consecuencias, en una sociedad que - a diferencia de la campesina y artesana tradicional, en la que ellas cumpl\u00edan una funci\u00f3n social prominente - las destinaba ahora casi exclusivamente a la cr\u00eda, cuidado y mantenimiento de la prole y las hac\u00eda depender econ\u00f3mica y psicol\u00f3gicamente del salario y la protecci\u00f3n del hombre. As\u00ed, las mujeres normalmente trabajaban en la f\u00e1brica o la mina s\u00f3lo hasta que se casaban. Luego, aunque por las noches o de madrugada o cuando las dejaban sus ocupaciones familiares siguieran &laquo;buscando la peseta&raquo; como costureras o lavanderas, ten\u00edan que renunciar a cualquier trabajo que las alejara m\u00e1s de diez minutos de la vigilancia del carb\u00f3n de la cocina donde se estaba haciendo la comida y que supusiera un obst\u00e1culo para su destino social de &laquo;madres&raquo; y &laquo;esposas&raquo;. Por razones de tipo moral, ya que &laquo;si bien hay algunas que resisten todo g\u00e9nero de tentaciones y malos ejemplos, otras no pueden conservar su virtud expuesta a la continua lucha y constantes peligros que por todas partes las rodean&raquo;, pero tambi\u00e9n -sobre todo- por razones pr\u00e1cticas, puesto que, sumando a esa jornada de doce horas en el exterior de la mina el trabajo del hogar, &laquo;las pobres mujeres casadas agotan sus fuerzas, envejecen r\u00e1pidamente y no pueden llenar como es debido su misi\u00f3n en la familia&raquo;, contin\u00faa diciendo en su informe el hijo de Concepci\u00f3n Arenal.<br />&nbsp;</div><h4>Duras condiciones laborales<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/la-aurora-social.jpg/image_large\" title=\"La aurora social.jpg\" height=\"655\" width=\"480\" alt=\"La aurora social.jpg\" class=\"image-right\" /></h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />Porque no se piense que el trabajo en la cadena de escogido en los lavaderos de carb\u00f3n era en absoluto f\u00e1cil. AI contrario, &laquo;las condiciones higi\u00e9nicas de esta clase de obreras, reclaman con urgencia, tanto desde el punto de vista moral como f\u00edsico, el ser sustituidas por otra clase de medios m\u00e1s en armon\u00eda con los adelantos modernos; pues en efecto, el escaso jornal que ganan, la naturaleza, especial de sus trabajos, faltas de luz constantemente y llenas de humedad, hacen de esta ocupaci\u00f3n la m\u00e1s insalubre y nociva de todos los dem\u00e1s operarios&raquo;, se\u00f1alaba a finales del XIX el doctor D. Nicanor Mu\u00f1iz Prada. Y su situaci\u00f3n no mejor\u00f3 mucho a lo largo del siglo XX.<br /><br />Los sindicatos, que desde su aparici\u00f3n han hecho del trabajo de las mujeres y los ni\u00f1os una de sus puntas de lanza reivindicativas, siguen tratando de redimirlas. Manuel Llaneza en La Aurora Social dedica las siguientes palabras a una joven y extenuada y hu\u00e9rfana pizarrera:<br />&nbsp;</div><address>iNo llores m\u00e1s! Seca tus l\u00e1grimas, y ven a luchar por tu libertad, ven a luchar con tus hermanos que como t\u00fa sufren el yugo de la explotaci\u00f3n y todos unidos implantaremos otra sociedad m\u00e1s equitativa en donde para t\u00ed, d\u00e9bil ser, ser\u00e1n los aromas de las flores, y los encantos de Ia naturaleza.</address><div style=\"text-align: justify; \"><br />No pudo ser. En 1914 Europa entra en guerra y la demanda de carb\u00f3n asturiano  - a falta del belga, ingl\u00e9s y franc\u00e9s -  arranca de nuevo a las mujeres de los encantos de la naturaleza para llevarlas otra vez a los dominios de Plut\u00f3n, a trabajar en ellos un m\u00ednimo de doce horas diarias y un m\u00e1ximo que depend\u00eda de cuando saliera el \u00faltimo vag\u00f3n cargado del mineral que ten\u00edan que lavar. <br /><br />Mujeres que tienen que ganarse su medio jornal en un ambiente tan embrutecedor para ellas como para los hombres, aunque mucho mas dif\u00edcil de sobrellevar en el caso femenino, aI alejarlas ese embrutecimiento de una estima social que para los mineros ya era escasa. Mujeres que tienen que ir y venir y trabajar siempre en grupo y con un vigilante especial que las defienda de las agresiones de sus propios compa\u00f1eros y que, desde luego. si trabajan en las minas es porque no tienen ning\u00fan otro lugar a donde ir. Y s\u00f3lo el tiempo indispensable, desde los trece a\u00f1os hasta que se casaban. Excepto cuando, casadas o no, son mujeres sin hombre: Viudas, madres solteras, mujeres cuyo compa\u00f1ero es, como el de La carbonera<br />&nbsp;</div><address>...un picador de primera,<br />el as de la regadera,<br />que aI mont\u00f3n gana Ia plata<br />y aI mont\u00f3n la desbarata<br />por borracho y calavera.</address><div style=\"text-align: justify; \"><br /><img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/mujeres-de-la-mina.jpg/image_large\" title=\"Mujeres de la mina.jpg\" height=\"397\" width=\"580\" alt=\"Mujeres de la mina.jpg\" class=\"image-left\" />Mujeres cargadas de hijos cuyos hombres no entregan nunca &laquo;el sobre&raquo; con la paga y que &laquo;gastan en la hedionda taberna lo que hac\u00eda falta en el hogar para un pedazo m\u00e1s de pan&raquo; - en palabras de reprensi\u00f3n a los mineros de Manuel Llaneza -. Mujeres que muchas veces tienen que llevar consigo a sus hijos de pocos meses para poder darles el pecho y que - como las que trabajaban en los a\u00f1os cuarenta en los lavaderos de La Nueva - tienen que trabajar y vigilarlos a la vez, dormidos en el suelo, sobre el aire caliente, viciado, sucio, negro, de las rejillas de los respiraderos. Mujeres que nunca fueron d\u00e9biles y que sab\u00edan perfectamente que de compasi\u00f3n no se com\u00eda.<br /><br />&nbsp;</div><address>Carbonerina de Cia\u00f1o<br />que pa\u00f1es carb\u00f3n na mina<br />la tu carina musgada,<br />ay, qu\u00e9 pena vete ansina.<br />Carbonera , carbonera,<br />nun vaigas m\u00e1s a la mina ...</address><div style=\"text-align: justify; \">&nbsp;</div><h4><br />Rosina, Enriqueta, Lourdines, Alegr\u00eda ...</h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />Mujeres como Rosina, la hija de Rosaura &laquo;la del Carboneru &raquo;, que en 1914, a los diecis\u00e9is a\u00f1os, entr\u00f3 en los lavaderos de La Cuadriella para trabajar hasta 1918 y que siempre record\u00f3 esos cinco a\u00f1os como los \u00fanicos felices de su vida porque &laquo;yo, como estaba hu\u00e9rfana y viv\u00eda de pensi\u00f3n, como los mineros, sal\u00eda de trabajar mis doce horas y para m\u00ed era la vida, para hacer luego lo que me diera la gana. Pero hasta que me cas\u00e9&raquo;. Hasta que se cas\u00f3 con un hombre brutal &ndash; recu\u00e9rdese que las palizas en la noche de bodas y vida en adelante formaron parte durante muchos a\u00f1os del ritual de cortejo y matrimonio de muchos mineros - y se puso a parir y a criar a sus ocho hijos con lo que Ie pagaban los posaderos que tambi\u00e9n tuvo que meter en casa.<br /><br />Como Enriqueta, la hermana de Rosina, que, como no se cas\u00f3 porque no le dio  la gana y porque los hombres le ten\u00edan miedo desde que una vez le <img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/rosina.jpg/image_large\" title=\"Rosina.jpg\" height=\"768\" width=\"508\" alt=\"Rosina.jpg\" class=\"image-right\" />peg\u00f3 una somanta a un maquinista que era un golfo y &laquo;se tiraba a las mujeres&raquo;, sigui\u00f3 trabajando hasta que se jubil\u00f3.Y luego, cuando fue a Madrid a solicitar el tercer grado de silicosis por el polvo de los lavaderos, tambi\u00e9n tuvo que sacudirle la solapa al de la oficina, porque , al decirle lo de la silicosis, como era una mujer, se ech\u00f3 a re\u00edr, creyendo que Ie estaba tomando el pelo.<br /><br />Como Lourdines la de Fresneal, que dej\u00f3 la leche que repart\u00eda para entrar de vagonera a los trece a\u00f1os y que los primeros d\u00edas no pod\u00eda ni atarse los lazos de las trenzas y ten\u00eda que peinarla su madre, de c\u00f3mo llevaba los brazos de cargar los vagones de veinte toneladas. Y que conserva a\u00fan en su retina la cat\u00e1strofe de 1923 en Baltasara: &laquo;Trece muertos, all\u00ed quietinos. &iquest;Y sabes por qu\u00e9 s\u00e9 yo que era un lunes? Porque, como acababan de entrar, estaban todos con la ropa reci\u00e9n lavada, tan guapos, tan limpios...&raquo;<br /><br />Como Alegr\u00eda, que bajaba de Riparape a Llascares todos los d\u00edas, desde que entr\u00f3 de atropadora en 1914, a los trece a\u00f1os, y a la que en 1923 castigaron no s\u00e9 cu\u00e1ntos d\u00edas &laquo;por blasfemar y por sacar cantares&raquo;, al rey y a la reina y a Primo de Ribera, porque pensaban que el dictador iba a subirles el jornal y lo que pas\u00f3 fue que se lo bajaron quince reales.</div><h4>Guerra, ideolog\u00edas y trabajo...</h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />Mujeres que en 1918, al final de la Guerra de Europa y de la \u00e9poca dorada del carb\u00f3n asturiano, son obligadas a volver a casa o, con suerte, a seguir trabajando en condiciones a\u00fan peores que las de antes durante los largos a\u00f1os veinte de dictadura y crisis. Y bajo una mirada social cada vez m\u00e1s hostil, ya que la aparici\u00f3n del cine y las revistas de modas y la renovada presi\u00f3n ideol\u00f3gica de la Iglesia, empe\u00f1ada en una eficac\u00edsima captaci\u00f3n de mujeres para la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica y para todo tipo de actividades sociales ligadas a las pr\u00e1cticas religiosas, est\u00e1 consiguiendo que la palabra mujer se convierta en adjetivo y la palabra minera en su ant\u00edtesis, de tal modo que quien sea mujer minera no pueda sentirse mujer mujer. A no ser manipulando significados, como hace Sisinio Nevares en EI patrono ejemplar, un estudio realizado en 1935 sobre la obra social del marqu\u00e9s de Comillas en la Hullera Espa\u00f1ola, en cuyas minas estaba absolutamente prohibido a las mujeres todo tipo de trabajo, ni interior ni exterior:<br /><br />EI fin perseguido en estas Escuelas del Hogar es preparar a las j\u00f3venes mineras no s\u00f3lo administrar o dirigir los hogares de sus padres, sino el suyo propio cuando contraigan estado, para que resplandezca el orden, la econom\u00eda y la higiene necesaria, y su compa\u00f1ero encuentre m\u00e1s comodidad y agrado que en las tabernas y casinos, donde est\u00e1 expuesto al abuso del alcohol, al desamor de la familia, a propagandas orales extremistas.<br /><br />A lo que estaban expuestos los espa\u00f1oles por esas fechas era a algo mucho peor, como se sabe. Y a partir de 1937 y durante casi dos d\u00e9cadas, la necesidad de carb\u00f3n y la escasez de hombres vuelve a llenar Asturias de mujeres mineras - ahora se llamar\u00e1n productoras- para todo tipo de labores de exterior e incluso - sobre todo de 1937 a 1939 - para trabajos m\u00e1s o menos subrepticios de interior. Mujeres asfixiadas socialmente por una clase dominante que acababa de hacer de la lucha contra los mineros una cruzada y que convirti\u00f3 aI femenino minera en algo definitivamente vergonzante y sucio. Mujeres que, definitivamente, s\u00f3lo buscaban su medio jornal en los lavaderos cuando no les quedaba ya donde buscar y que con frecuencia ten\u00edan que pagar muy caro el favor que les hac\u00edan admiti\u00e9ndolas y militariz\u00e1ndolas: Viudas de &laquo;rojos&raquo;; solteras con hijos; mujeres con el hombre desaparecido o mutilado o preso en un campo de concentraci\u00f3n o de trabajo; mujeres de mineros muertos en accidente a quienes se les ofrec\u00eda el medio jornal a cambio de la paga de viudedad, m\u00e1s miserable a\u00fan; mujeres que nunca se rebelaron porque no pod\u00edan ser tan ingratas con quienes les hab\u00edan hecho la caridad de meterlas a trabajar, ni participaban casi nunca en nuestras gloriosas huelgas mineras porque a donde podr\u00edan ir, con los hijos a su cargo, si las desped\u00edan. Cientos y <img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/olvido1.jpg/image_large\" title=\"Olvido1.jpg\" height=\"401\" width=\"560\" alt=\"Olvido1.jpg\" class=\"image-left\" />cientos de mujeres, vagoneras, lampisteras, aguadoras , pinchas, pizarreras, lavaderas y muchos otros miles trabajando al margen de las empresas, en cualquiera de las innumerables actividades econ\u00f3micas derivadas en aquellos a\u00f1os de la extracci\u00f3n del carb\u00f3n. Mujeres como las que vemos en los cuadros y dibujos de Urbina, Valle, Mor\u00e9, que lo atropaban piedra a piedra, &laquo;a mandilaos &raquo;, por escombreras y descargaderos hasta llenar los sacos que luego vend\u00edan por las casas o en los dep\u00f3sitos de los carboneros; como las que lo sacaban de los &laquo;trabancos&raquo; del rio &laquo;a cestaos&raquo;, de lo que se arrojaban los lavaderos, para lIevarlo pingando sobre la cabeza a las enormes balsas y luego pisarlo, a veces con las natas negras hasta la cintura, para que soltara bien el agua; como las que entraban por las noches a picar carb\u00f3n en el mismo frente en el que los hombres picaban de d\u00eda, o abr\u00edan y entibaban diez, quince, veinte metros de calicata en cualquier lugar del monte donde vieran que el carb\u00f3n &laquo;afloraba&raquo;; como las que iban todos los d\u00edas a la cinta de escogido para lIenar los sacos de los &laquo;vales&raquo; y luego repartirlos por las casas, monte arriba y monte abajo, como hacia Amalia la de Rozaes, en El Barreo...</div><h4>Olvido la minera y tantas m\u00e1s...</h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />Mujeres como Olvido la minera, que estuvo picando ocho a\u00f1os en las minas de Fabero, entre 1962 y 1970 porque cuando su marido enferm\u00f3 fue a pedirle al due\u00f1o de la mina que la dejara trabajar por \u00e9l y el otro le contest\u00f3 que &laquo;si me sacas lo mismo, a m\u00ed que me importa qui\u00e9n lo pique&raquo; (aunque, claro, con los papeles a nombre del marido, porque ella no pod\u00eda figurar ni para cobrar ni para nada) y que &laquo;rompi\u00f3 aguas&raquo; a las doce de la ma\u00f1ana, picando, y a las tres de la tarde ya hab\u00eda parido su sexto hijo, que por poco lo pare entre el carb\u00f3n... Mujeres como Mar\u00eda la polaina, Faela la francesa, Angeles la pulguina, Nieves y Sagrario las de Cuarteles, Leontina la de Santa Rosa, Gelina la pesquera o Malia y Encarna, las de Rozaes de Bazuelo. Como Marcelina la lampistera, que tambi\u00e9n tuvo que pegarle una somanta al vigilante por abusar de Rosa la tontina, y eso que eran primos. Como Flora la de Tablao, muerta en un derrabe una noche que hab\u00edan ido todas juntas a robar carb\u00f3n al quince. Como In\u00e9s y Fela, las de Tres Amigos , o Daniela la matona y Amparo, su hermana. Como Angeles la nena, que hac\u00eda dos horas y media de camino desde Casorv\u00eda a los lavaderos y otro tanto de vuelta. Como Pilarona, que la despidieron de Nicolasa porque s\u00ed se qued\u00f3 en huelga. Como Divina calicates, que abri\u00f3 ella m\u00e1s metros de galer\u00eda que t\u00faneles el tren. Como Maria la tarambana, que llegaba y se sentaba siempre a la puerta de casa a &laquo;echar el pit\u00edn&raquo;<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/olvido.jpg/image_large\" title=\"Olvido.jpg\" height=\"406\" width=\"580\" alt=\"Olvido.jpg\" class=\"image-right\" /> y primero estaba dos horas escogiendo las hebras de tabaco de entre los botones y los hilos que sacaba del bolso del mandil y echando cagamentos . Como Olvido la del cestu, que era ramplera, vagonera caballista, lavadera y pizarrera, todo a la vez, en la Carmona y en los lavaderos de Cuestavil y que muri\u00f3 reventada, silicosa. o como Pilar la de Romeria y Nati la de Navaliego, que en vez de vagoneras eran cesteras, porque sacaban de la galeria el carb\u00f3n &laquo;a cestaos&raquo;, o como Pacitona, que levantaba un yunque como si nada y que ten\u00eda una mula list\u00edsima y Ie dec\u00edan siempre a su madre &laquo;&iexcl;vaya mula m\u00e1s lista que tien Pacitona, eh!&raquo; y contestaba ella  &laquo; &iexcl;s\u00ed, pa lista la mula, pero pa fuerza, la mi f\u00eda!&raquo; Como Ramona la anisina, a la que tambi\u00e9n des pidieron por beber. O Ramonina la de Ujo, que no pudo casarse con el novio, despu\u00e9s de cuatro a\u00f1os, porque no pod\u00eda dejar de trabajar hasta no sacar adelante a los hermanos, porque eran hu\u00e9rfanos y \u00e9l ni quer\u00eda que ella trabajara ni quer\u00eda esperar m\u00e1s. O como Lola la carbonera, que naci\u00f3 en 1895 y se retir\u00f3 en el 1965 y que acaba de morirse, a las puertas del siglo XXI,  a los ciento tres a\u00f1os de mina...<br />&nbsp;</div><address>Aunque estoy en la cadena<br />escogiendo la pizarra<br />no tengo mancha ninguna<br />que no me la lave el agua.</address><div style=\"text-align: justify; \"><br />Mujeres de cuerpo encogido, sarmentoso, viej\u00edsimo, arracimadas hoy todav\u00eda al sol de los parques y para las que las fechas de los libros - 1906,1914,1917,1934,1936,1941,1963,1975,1984- no significan absolutamente nada, confundidas todas en un hondo amasijo de an\u00e9cdotas y hambre y sufrimiento nacido de una \u00fanica larga guerra solitaria, interior. Mujeres que nunca se sintieron mineras porque era malo serlo y que se escandalizan cuando oyen hablar &laquo;del asunto de las mujeres y la mina&raquo;. Mujeres que para sobrevivir han tenido que colocarse fuera del alcance de los adjetivos, de los museos, de los libros de historia, de las tesis doctorales, de los planes econ\u00f3micos de las empresas, de las tramas carboneras de los sindicatos.</div><h4>Mujeres devueltas a su condici\u00f3n femenina</h4><div style=\"text-align: justify; \"><br />Mujeres que, cuando a finales de los a\u00f1os cincuenta y en los sesenta los lavaderos se centralizan y ellas pueden por fin &laquo;ser sustituidas por otra clase de medios m\u00e1s en armon\u00eda con los adelantos modernos&raquo;, como ped\u00eda Mu\u00f1iz Prada ya en 1885, bendicen a Hunosa por devolverlas a su condici\u00f3n femenina: por recolocarlas en servicios de limpieza de economatos, comedores, oficinas; o como recaderas o lavanderas o criadas dom\u00e9sticas de las se\u00f1oras de los ingenieros y altos cargos; o por enviarlas por fin a los encantos del hogar y los aromas del adjetivo mujer para poder convertirse al fin ellas tambi\u00e9n en mi se\u00f1ora, aunque siempre bajo estrecha vigilancia para que, en un descuido, no se convirtieran en chupasangres de sueldos, como le ocurri\u00f3 con la loba con la que se hab\u00eda casado al pobre minero de la canci\u00f3n:<br /><br />&nbsp;</div><address><img src=\"https://www.elvalledeturon.net/historia/mineria/mujeres-mineras/lourdines.jpg/image_large\" title=\"Lourdines.jpg\" height=\"768\" width=\"532\" alt=\"Lourdines.jpg\" class=\"image-left\" />Soy un probe mineru<br />me duel el decilo,<br />que con mis esfuerzos<br />tengo que ganar<br />el pan pa mis hijos<br />y pa mi se\u00f1ora<br />y yo como un esclavu<br />nun merezco na...</address><div style=\"text-align: justify; \"><br />En Abril de 1973, el entonces presidente de Hunosa, Jos\u00e9 Mar\u00eda Guerra Zunzunegui tiene para Nuestras mujeres ante el reto del progreso los siguientes planes de futuro:<br /><br />&nbsp;</div><address style=\"text-align: justify; \">Las mujeres de los mineros han debido luchar en la superficie casi con tanta dureza como sus maridos y sus hijos en las entra\u00f1as de la tierra. Pero ahora tienen que batirse en un terreno distinto, no menos dif\u00edcil y mucho m\u00e1s alentador. Son ellas las encargadas de arrinconar para siempre la antigua e insatisfactoria imagen de los hogares mineros, convirti\u00e9ndolos en la expresi\u00f3n de lo que hoy es realmente el minero de Hunosa merced a las conquistas sociales conseguidas con tanto esfuerzo. Que el minero pueda disfrutar de comodidades dom\u00e9sticas, depende en buena medida de la inteligencia, de la sensibilidad y de la habilidad de las mujeres. El progreso propone a las mujeres este gran reto. Yo estoy seguro de que saldr\u00e1n victoriosas. Los hombres de Hunosa tenemos fe en nuestras mujeres. Ahora corresponde a ellas demostramos que no nos equivocamos.</address><div style=\"text-align: justify; \"><br />No es de extra\u00f1ar que en 1984, cuando los hombres de Hunosa convocan plazas de ayudantes mineros y ven que entre las solicitudes aparecen las de numerosas mujeres, se sientan traicionados en su fe. Igual que los entregados dirigentes de C.C.O.O. y UGT., siempre velando por los intereses de los m\u00e1s d\u00e9biles y que trataron de frenarlas por todos los medios. Pero el problema era que ahora a esas mujeres les daba igual lo que creyeran o dijeran de ellas ni los peri\u00f3dicos ni los dirigentes obreros ni ese pu\u00f1ado de hombres y mujeres que iban cada d\u00eda a la boca del pozo a insultarlas y a boicotear su incorporaci\u00f3n a un trabajo al que por fin acced\u00edan con sueldo entero y pleno derecho legal. El problema era que ahora esas mujeres hab\u00edan asumido la dignidad femenina del adjetivo mineras. El grave problema, para quienes llevaban tantos siglos prest\u00e1ndole significado a la palabra mujer, era que ahora, por fin, Pers\u00e9fone se hab\u00eda decidido a reivindicar su derecho a un lugar en ese reino de Plut\u00f3n al que un d\u00eda hab\u00eda sido raptada, raptada por la necesidad pero al que, desde entonces, desde que entr\u00f3 por primera vez en una mina y prob\u00f3 con su cuerpo el primer grano de carb\u00f3n, estaba condenada ya a pertenecer:&nbsp;Ella tambi\u00e9n.<br />&nbsp;</div><h4><em><br /><span style=\"font-family: Calibri, sans-serif; font-size: 11pt; line-height: 115%; \">&copy;&nbsp;</span>Montserrat Garnacho, &quot;Mujeres mineras&quot; in Asturias y la Mina, Ediciones Trea, Gij\u00f3n, 2000</em></h4>", "author_name": "", "version": "1.0", "author_url": "https://www.elvalledeturon.net/author/jorgevarela", "provider_name": "El valle de Turon", "type": "rich"}