{"provider_url": "https://www.elvalledeturon.net", "title": "El milhojas", "html": "<div style=\"text-align: justify;\"><br />\r\n<br />\r\nUn delicioso olor a pasteles y a pan reci\u00e9n horneado fue lo que me empuj\u00f3 hacia el interior de aquella cafeter\u00eda. Acababa de llegar a Mieres y paseaba por una de sus calles. Hab\u00eda venido a la inauguraci\u00f3n de una exposici\u00f3n de pintura de tema minero en la que yo participaba.<br />\r\n<br />\r\nConfieso que me dej\u00e9 llevar por el instinto m\u00e1s primario y elemental. Como un buen sabueso, mi olfato segu\u00eda el rastro de la presa que con toda seguridad me proporcionar\u00eda un dulce banquete. Mis pretensiones eran absolutamente b\u00e1sicas, instintivas, nada que ver con la elevada inspiraci\u00f3n literaria de empalagosas madalenas.<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/ocio/palabrando/el-milhojas/milhojas.jpg/image_large\" title=\"Milhojas.jpg\" height=\"412\" width=\"500\" alt=\"Milhojas.jpg\" class=\"image-right\" /><br />\r\n<br />\r\nY ya dentro del establecimiento se despleg\u00f3 ante m\u00ed un delicioso para\u00edso en forma de panecillos y pasteles que luc\u00edan colores y aromas por estanter\u00edas y mostradores. Mis emociones empezaron a superar la simple materialidad, sobre todo cuando mi vista tropez\u00f3 con una bandeja de milhojas con blanca y gruesa capa de merengue. Qued\u00e9 como hipnotizada y adelant\u00e9 a mi paladar la suave textura y el crujiente hojaldre que dislocaron por completo mi imaginaci\u00f3n.<br />\r\n<br />\r\nCerr\u00e9 por un momento los ojos y me centr\u00e9 en unas im\u00e1genes que contempl\u00e9 con toda nitidez. Entonces, pude ver\u2026 una ni\u00f1ita peque\u00f1a, muy delgada. Lleva un abriguito azul marino abrochado con doble botonadura, le queda grande. Alrededor del cuello una bufanda roja enmarca una carita p\u00e1lida y algo triste. Dos trenzas rematadas por lazos blancos caen sobre sus peque\u00f1os hombros. Pegada al cristal del escaparate mira los milhojas de la confiter\u00eda que est\u00e1 frente a la Estaci\u00f3n del Vasco. Ha bajado del tren de la mano de su madre que la lleva a la consulta del m\u00e9dico de la villa. El pastel es el premio de consolaci\u00f3n\u2026<br />\r\n<br />\r\nVolv\u00ed a la realidad. Aquella visi\u00f3n hab\u00eda dejado en mi \u00e1nimo un poso de melancol\u00eda. Pas\u00e9 al saloncito interior de la confiter\u00eda. Me sent\u00e9 en una mesa redonda, peque\u00f1a, cubierta con un tapete de flores y unas lamparitas encendidas que con sus reflejos creaban un ambiente \u00edntimo y familiar, propicio a la nostalgia. Me dispon\u00eda a tomar mi caf\u00e9 y el milhojas. Aquel entorno y las especiales emociones me hicieron experimentar otra situaci\u00f3n extra\u00f1a e irreal. Sent\u00ed que todo lo que me rodeaba: la salita, las mesas, los dulces, las l\u00e1mparas, la joven rubia con la bandeja\u2026todo se volv\u00eda est\u00e1tico y el tiempo parec\u00eda detenerse como el fotograma de una pel\u00edcula. Fue una r\u00e1faga de lucidez en la que tuve la sensaci\u00f3n de que aquellas circunstancias que me rodeaban ya las hab\u00eda vivido anteriormente. Ese destello dur\u00f3 apenas un segundo y se esfum\u00f3, pero fue lo suficientemente intenso como para provocar en m\u00ed una sensaci\u00f3n de incertidumbre.<br />\r\n<br />\r\nEntonces me percat\u00e9 de que en la mesa de al lado, muy cerca de m\u00ed, estaba sentada una mujer de avanzada edad, aparentaba tener muchos a\u00f1os. No la hab\u00eda visto a pesar de su proximidad. Absorta en mis ilusorias vivencias no repar\u00e9 en ella. Tambi\u00e9n pienso que quiz\u00e1s me hab\u00eda pasado desapercibida debido a esa invisibilidad que confieren los a\u00f1os. El tiempo nos va envolviendo poco a poco con su capa m\u00e1gica hasta hacernos invisibles, transparentes.<br />\r\n<br />\r\nSin embargo, ella estaba all\u00ed y s\u00ed me hab\u00eda visto. Me miraba y extendi\u00f3 su mano hacia m\u00ed con un papel. Me pidi\u00f3, por favor, si pod\u00eda le\u00e9rselo pues no ve\u00eda muy bien. Encabezaba el escrito la direcci\u00f3n del Hospital de Murias. Debajo, una escueta nota: \u201cSeguir con la misma medicaci\u00f3n. Volver a los diez d\u00edas\u201d. Y la firma ilegible del m\u00e9dico.<br />\r\n<br />\r\n<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/ocio/palabrando/el-milhojas/murias.jpg/image_large\" title=\"Murias.jpg\" height=\"596\" width=\"500\" alt=\"Murias.jpg\" class=\"image-left\" />Dijo que hab\u00eda entrado en la cafeter\u00eda para tomar un vaso de leche con az\u00facar porque se sinti\u00f3 mal despu\u00e9s del tratamiento que recib\u00eda en el hospital. Le pregunt\u00e9 si necesitaba alguna cosa o si quer\u00eda que la acompa\u00f1ara a su casa. Dijo que no, que ya estaba mejor, ten\u00eda controlada su enfermedad y que esos contratiempos sab\u00eda superarlos, acostumbrada por una vida que le hab\u00eda ense\u00f1ado a ser fuerte. Ahora sus hijos estaban lejos, ten\u00edan su propia familia. Ella viv\u00eda sola.<br />\r\n<br />\r\nPronto su actitud comunicativa empez\u00f3 a captar mi atenci\u00f3n. Aquella manera de expresarse no se adecuaba a lo que se espera de una persona tan mayor y adem\u00e1s, enferma. Sus ojos, que en principio parec\u00edan ensimismados, adquir\u00edan al hablar, una viveza y un brillo extraordinarios. A pesar de su aspecto fr\u00e1gil, conservaba la fuerza en la voz y en el gesto en\u00e9rgico de las manos envejecidas. Las arrugas entrecruzadas del rostro parec\u00edan dibujar con firmeza su historia.<br />\r\n<br />\r\nUna historia que, animada por mi inter\u00e9s, empez\u00f3 a contarme. Dijo que ella era una mujer del carb\u00f3n. La mina y una peque\u00f1a casa de labranza hab\u00edan sido su vida. Todo hab\u00eda girado en torno a ellas. Se hab\u00eda casado con un labrador castellano que vino a la cuenca para trabajar de minero. Era picador, bajaba cada d\u00eda al pozo y ella se ocupaba de los tres hijos y de la peque\u00f1a hacienda heredada de sus padres. Eran tiempos de duro trabajo pero tambi\u00e9n recordaba momentos de felicidad. Y mostraba una leve sonrisa hablando de los bailes, la m\u00fasica de acorde\u00f3n, la merienda en&nbsp;el prado de la fiesta\u2026<br />\r\n<br />\r\nHizo una pausa. Vi que su mirada se apagaba y se te\u00f1\u00eda de tristeza. Present\u00ed que iba a contarme algo distinto y as\u00ed fue. Dijo: \u201cEl destino me ten\u00eda preparado un duro golpe. Una explosi\u00f3n de gris\u00fa sepult\u00f3 a mi marido y a otros dos compa\u00f1eros. Nunca olvidar\u00e9 el sonido de la sirena aquella noche. Me encontr\u00e9 sola con los hijos peque\u00f1os todav\u00eda y empez\u00f3 para m\u00ed una vida muy diferente. Tuve que luchar para sacar adelante la familia. La labranza no era suficiente y empec\u00e9 a trabajar en el carb\u00f3n, la escombrera y largas horas a la cinta transportadora, separando la pizarra. Mis manos se agrietaban y luego deb\u00edan lavar, cocinar, limpiar.\u201d<br />\r\n<br />\r\nPor un momento me olvid\u00e9 de nostalgias. La historia de una mujer que se forja en la adversidad y el sacrificio nos tocaba de cerca. Aquella fragilidad que mostraba era solo aparente. En sus palabras no hab\u00eda rencor ni quejas de injusticia. Dijo que sab\u00eda afrontar la vejez y la soledad y que su vida era esa, la que le hab\u00eda tocado vivir, la suya, y que no hubiera podido ser de otra manera.<br />\r\n<br />\r\nSu estoicismo hac\u00eda pensar en esos \u00e1rboles centenarios que tienen la corteza cuarteada por el fr\u00edo, el calor, el viento o la helada,<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/ocio/palabrando/el-milhojas/accidente-minero.jpg/image_large\" title=\"Accidente minero.jpg\" height=\"372\" width=\"500\" alt=\"Accidente minero.jpg\" class=\"image-right\" /> pero que se sujetan fuertemente a la tierra con profundas ra\u00edces. Ella era una hero\u00edna an\u00f3nima, una de tantas mujeres que vivieron y viven a\u00fan en las cuencas mineras. Mujeres que nos son tan cercanas, tan familiares.<br />\r\n<br />\r\nTermin\u00e9 el caf\u00e9 ya fr\u00edo; del milhojas, la verdad, me hab\u00eda olvidado. El tiempo y el espacio hab\u00edan adquirido para m\u00ed una nueva dimensi\u00f3n. La nueva dimensi\u00f3n que siempre a\u00f1aden las emociones.<br />\r\n<br />\r\nAl salir me fij\u00e9 en un cuadro colgado en la pared, un grabado que representaba a una mujer muy elegante vestida a la moda de los a\u00f1os veinte. Falda larga ce\u00f1ida al cuerpo, blusa vaporosa con lazada, collar de perlas, botines y sombrero. Sobre el regazo las manos blancas y muy finas. En su rostro de l\u00e1nguida mirada, unos labios rojos y sensuales. Otra mujer tambi\u00e9n de entonces. Un bello y fr\u00edvolo adorno que se prolonga en el tiempo en una est\u00e9tica vana y superficial. Pens\u00e9 seriamente en dejar de admirar para siempre el lujoso y brillante mundo del Gran Gatsby. Es m\u00e1s, lo detest\u00e9.<br />\r\n<br />\r\nNos despedimos con la naturalidad de quienes se conocen de toda la vida. Sin importarnos demasiado las promesas de volver a vernos, sin embargo, nos dijimos que, tal vez, el destino habr\u00eda de depararnos otro encuentro, otro rato de charla.<br />\r\n<br />\r\nSe acerc\u00f3 a mi o\u00eddo, parec\u00eda querer hacerme una confidencia y en voz muy baja, como en un susurro, me dijo:&nbsp;\u201cMe llamo Mar\u00eda y soy de Tur\u00f3n\u201d.<br />\r\n<br />\r\nMieres del Camino<br />\r\n<br />\r\n&nbsp;<strong>\u00a9 Evelia G\u00f3mez, abril 2014</strong></div>\r\n", "author_name": "", "version": "1.0", "author_url": "https://www.elvalledeturon.net/author/jorgevarela", "provider_name": "El valle de Turon", "type": "rich"}