{"provider_url": "https://www.elvalledeturon.net", "title": "Llegada", "html": "<h2 style=\"text-align: center;\">LLEGADA<br />\r\n(Un eco del pasado)</h2>\r\n\r\n<h5><br />\r\n<em>- \u00a1Clotilde! \u00a1Clotilde! </em></h5>\r\n\r\n<p>&nbsp;</p>\r\n\r\n<div style=\"text-align: justify;\">Oigo la voz de un hombre que me llama. Lo veo agitando su mano entre la gente que espera en el and\u00e9n de la estaci\u00f3n de Mieres al tren que llega de Le\u00f3n. Viene corriendo hacia la escalerilla del vag\u00f3n por la que bajo con mi maleta de rayas.</div>\r\n\r\n<p>&nbsp;</p>\r\n\r\n<h5><em>-\u00bfEres Clotilde, verdad? - Me dice con una sonrisa de afirmaci\u00f3n mientras me ayuda con la maleta.<br />\r\n<br />\r\n- S\u00ed, \u00bfy t\u00fa eres mi t\u00edo Antonio? Mi madre me hablaba de ti y me ense\u00f1aba fotograf\u00edas, pero nunca te hab\u00eda visto.<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/ocio/palabrando/llegada/picture1.jpg/image_large\" title=\"Picture1.jpg\" height=\"314\" width=\"250\" alt=\"Picture1.jpg\" class=\"image-right\" /><br />\r\n<br />\r\n- Claro, eras a\u00fan muy peque\u00f1a cuando me fui del pueblo.</em></h5>\r\n\r\n<div style=\"text-align: justify;\"><br />\r\nNos abrimos paso entre los muchos viajeros que cargados con pesados equipajes buscan, como nosotros, la salida. Tenemos prisa por llegar a nuestros \u00faltimos destinos. El tren ha entrado con mucho retraso a causa de la nieve ca\u00edda en el puerto de Pajares.</div>\r\n\r\n<h5><em>- Te reconoc\u00ed enseguida al asomarte a la ventanilla- Exclama con satisfacci\u00f3n - Y no fue por el abrigo negro y el pa\u00f1uelo azul en la cabeza, seg\u00fan me dec\u00edas en tu carta. No, no fue por eso. Al ver tu cara supe, sin temor a equivocarme, que eras Clotilde, mi sobrina. Los mismos ojos, la misma sonrisa de tu madre. Ella era muy joven, como t\u00fa ahora, tendr\u00eda tu misma edad cuando march\u00e9 del pueblo para venir a trabajar a la mina. Y no volvimos a encontrarnos. Tu parecido es tan grande que al verte me dio un vuelco el coraz\u00f3n, pues eres la viva imagen que guardo de mi hermana.</em></h5>\r\n\r\n<p>&nbsp;</p>\r\n\r\n<div style=\"text-align: justify;\">Observo a los dem\u00e1s viajeros. Son como yo, leoneses, trabajadores del campo, hombres en su mayor\u00eda. Tienen el semblante enjuto y austero de los monjes agricultores forjados en la renuncia y el esfuerzo. El sol, el aire seco y el fr\u00edo han curtido la piel y abren en sus rostros surcos como de campo arado.<br />\r\n<br />\r\nLabradores que escucharon la llamada del carb\u00f3n y salen de sus aldeas a buscar una vida mejor por las cuencas mineras asturianas. Antonio creo que ya la ha encontrado. Su aspecto ya es diferente. Viste con cierta elegancia y cuidado: pantal\u00f3n con raya, chaquet\u00f3n de pa\u00f1o azul marino, bufanda de cuadros rojos y negros y unos zapatos impecables. Aunque est\u00e1 a punto de cumplir cincuenta a\u00f1os, representa menos edad. Su piel de color blanquecino, p\u00e1lido y los ojos casta\u00f1os con oscuras ojeras hacen que su semblante sea algo triste. Pero sonr\u00ede y una leve alegr\u00eda anima su cara en un gesto dulce y comprensivo.<br />\r\n<br />\r\n<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/ocio/palabrando/llegada/estacion.jpg/image_large\" title=\"Estaci\u00f3n.jpg\" height=\"484\" width=\"560\" alt=\"Estaci\u00f3n.jpg\" class=\"image-left\" />Es noche cerrada y la gente se dispersa por v\u00edas y caminos. Mi t\u00edo (he de acostumbrarme a llamarle as\u00ed) echa al hombro mi maleta de rayas. Es ligera, nunca he viajado y no tengo demasiadas cosas. Tomamos la carretera que nos lleva directamente al pueblo minero de Tur\u00f3n donde \u00e9l vive y trabaja. En el trayecto s\u00f3lo me habla de sus recuerdos, como si para \u00e9l la vida real \u00fanicamente cobrara sentido en el momento que ya forma parte de la memoria.</div>\r\n\r\n<p>&nbsp;</p>\r\n\r\n<h5><em>-Tu madre no tuvo mucha suerte, sufri\u00f3 demasiado - Sigue contando-. Primero fueron los dos hijos, casi unos ni\u00f1os, desaparecidos en la guerra de \u00c1frica, luego tu padre, en la gripe que arras\u00f3 por aquellos p\u00e1ramos. Menos mal que estabas t\u00fa y la acompa\u00f1aste hasta el \u00faltimo momento.</em></h5>\r\n\r\n<p>&nbsp;</p>\r\n\r\n<div style=\"text-align: justify;\">Mientras caminamos contin\u00faa hablando ensimismado en sus recuerdos, que amparados por la oscuridad de la noche y mi compa\u00f1\u00eda, afluyen con nitidez a su memoria.</div>\r\n\r\n<p>&nbsp;</p>\r\n\r\n<h5><em>-Los trabajos por aquellas tierras eran muy duros- dice-. La siega, con el fr\u00edo del amanecer metido en los huesos, caminando hasta donde ten\u00edamos sembrado el trigo, tan lejos; despu\u00e9s, a mediod\u00eda, el sol nos abrasaba sin piedad. Y tanto sacrificio para nada. La escasa cosecha no daba para quitar el hambre. Esa hambre que arrastra a tantos labradores a la mina.</em></h5>\r\n\r\n<div style=\"text-align: justify;\"><br />\r\nYo le escucho en silencio mientras aprieto la llave de hierro que llevo en el bolso del abrigo. Con ella cerr\u00e9 por \u00faltima vez y para siempre el port\u00f3n de mi casa de adobes. La llave es grande, tal vez por ello y por su forma, se acomoda bien a mi mano, me da seguridad y la siento como el que lleva un arma para defensa de posibles peligros que todav\u00eda desconoce. En su contacto puedo sentir la huella protectora de la mano recia y fuerte de mi padre, la firme y decidida de mi madre o el rastro m\u00e1s ligero de las de mis hermanos. \u00a1La llave! Cada noche, al cerrar la casa, yo segu\u00eda su trayectoria hasta verla colgada del gancho en la pared de la cocina. Yo nunca atrancaba el port\u00f3n, era la peque\u00f1a. Pero, finalmente, me hab\u00eda tocado cerrarlo a m\u00ed. He dejado para siempre la casa vac\u00eda aunque permanezca llena de recuerdos que ahora est\u00e1n bajo la custodia de esta llave.<br />\r\n<br />\r\nLa oscuridad se va haciendo m\u00e1s profunda a medida que avanzamos. Apenas se ve nada a nuestro alrededor. Escucho algunos silbidos de m\u00e1quinas a lo lejos y el sonido del agua de un r\u00edo cercano.&nbsp;<br />\r\n<br />\r\nEn lo alto brillan unas lucecitas, creo que son estrellas, pero para ser estrellas est\u00e1n demasiado bajas, pienso que el cielo debe<img src=\"https://www.elvalledeturon.net/ocio/palabrando/llegada/siega.pg.jpg/image_large\" title=\"Siega.pg.jpg\" height=\"543\" width=\"560\" alt=\"Siega.pg.jpg\" class=\"image-right\" /> estar m\u00e1s arriba. Tampoco parecen luces del pueblo, est\u00e1n demasiado altas. No s\u00e9 muy bien qu\u00e9 son esos puntos brillantes que atraen mi atenci\u00f3n. Llevar los ojos puestos en ellos me cuesta varios tropezones -Cuidado muchacha, mira bien donde pones los pies - me advierte.<br />\r\n<br />\r\nMe gusta mirar al cielo. De d\u00eda para ver las nubes y encontrar en ellas formas extra\u00f1as de personas o animales que pronto desaparece. De noche me deslumbra el cielo plagado de estrellas que tocan la tierra en el horizonte. Reconozco algunas: la Osa Mayor, la Estrella Polar, Venus, el planeta m\u00e1s brillante y primero en ser visto al anochecer. El de: \u201cEstrellita, estrellita, por ser la primera que veo que se cumpla mi deseo\u201d. A veces se cumpl\u00eda. Por eso siempre and\u00e1bamos a la caza de la estrella que nos pod\u00eda dar alguna felicidad.<br />\r\n<br />\r\nAhora esta oscuridad me resulta extra\u00f1a. All\u00ed, a estas horas, desde el p\u00e1ramo o en las eras, el cielo brillar\u00e1 en con su resplandor de luna. Por eso no puedo apartar mis ojos de estos puntos luminosos que no s\u00e9 muy bien de d\u00f3nde proceden.<br />\r\n<br />\r\nEl resto de la noche pasa en un duermevela de intermitencias luminosas sobre paredes pintadas de un azul verdoso, sonidos de trenes, ruidos de rocas desprendidas, y silbidos de m\u00e1quinas. Y la voz de la mujer que me despierta. Ella vive con mi t\u00edo, supongo que es su esposa, \u00e9l no me dijo nada.</div>\r\n\r\n<h5><em>- Hemos de marchar al trabajo. En la cocina tienes comida, nosotros no volveremos hasta \u00faltima hora de la tarde.</em></h5>\r\n\r\n<div style=\"text-align: justify;\"><br />\r\nMuy cerca de la galer\u00eda de cristales impregnados de polvillo negro a la que me asomo, veo una monta\u00f1a que se precipita sobre la casa. Se levanta como una muralla que a\u00edsla y esconde el valle minero. Detr\u00e1s de esa cordillera he dejado un mundo al que presiento que no he de volver.<br />\r\n<br />\r\nY busco en este paisaje el cielo que no encuentro. La empinada ladera me lo impide. En su lugar aparecen, entre la oscura&nbsp;vegetaci\u00f3n y lenguas de tierra negra, unas casitas. Son viviendas desperdigadas, pintadas de blanco agrisado y los tejados con pinceladas rojas. Aisladas, separadas unas de otras, como huyendo todo contacto. Casi no puedo creer que en <img src=\"https://www.elvalledeturon.net/ocio/palabrando/llegada/cielo-urbies-estrellado.jpg/image_large\" title=\"Cielo Urbi\u00e9s estrellado.jpg\" height=\"537\" width=\"400\" alt=\"Cielo Urbi\u00e9s estrellado.jpg\" class=\"image-left\" />aquella altura haya gentes que las habiten. Ahora comprendo que son de aquellas viviendas de donde proced\u00edan las luces que ve\u00eda en la noche. En adelante las casitas iluminadas ser\u00edan mis estrellas.<br />\r\n<br />\r\nNo dejo de pensar en c\u00f3mo podr\u00e1n vivir las familias tan solas en un lugar tan alto, con la dificultad de llevar hasta all\u00ed los muebles o la comida; subir y bajar al trabajo; el camino de los ni\u00f1os a la escuela por senderos solitarios y miedosos. Son las casas como nidos de p\u00e1jaros encaramados en las ramas. El humo de sus chimeneas dan fe del calor de hogar, de familias en torno a la cocina, con las casta\u00f1as asadas sobre la chapa y las naranjas calentadas en la caldera. Hogares aislados, s\u00ed, pero c\u00e1lidos y cerrados sobre s\u00ed mismos, sobre su propia felicidad.<br />\r\n<br />\r\n\u00a1Qu\u00e9 distinto a las casas de mi aldea! Humildes construcciones de barro y paja. Se levantan api\u00f1adas, apretadas unas contra otras, pared con pared, juntas en un instinto de protecci\u00f3n y de ayuda.<br />\r\n<br />\r\nHan transcurrido dos a\u00f1os. Estoy sentada frente a los cristales empa\u00f1ados con el polvillo gris de la escombrera. Vivo en el descanso obligado de mis manos heridas y de mis pulmones. Trenes cargados de carb\u00f3n como un incesante r\u00edo negro pasan por delante de mi ventana. Vienen de la mina cercana y van camino de los lavaderos que est\u00e1n situados en la parte baja del pueblo. Miro esas piedras negras sin rencor, pero con tristeza y oscuros presentimientos. Las sigo con la mirada hasta que se pierden entre la niebla y el humo de las chimeneas.<br />\r\n<br />\r\nUn campo abierto y de libertad empieza a ser para m\u00ed s\u00f3lo un sue\u00f1o que va tras los gorriones que al atardecer vuelan cerca de mi ventana. Tengo frente a m\u00ed, colgada en la pared, la llave de hierro de mi casa, icono al que rezo y en el que conf\u00edo. S\u00e9 que alg\u00fan d\u00eda me abrir\u00e1 la puerta que me permita escapar a este destino incierto en el que me encuentro.<br />\r\n<br />\r\n&nbsp;</div>\r\n\r\n<h5><em><strong>\u00a9 Evelia G\u00f3mez, Oviedo, Diciembre 2013</strong></em></h5>\r\n\r\n<div style=\"text-align: justify;\">&nbsp;</div>\r\n", "author_name": "", "version": "1.0", "author_url": "https://www.elvalledeturon.net/author/jorgevarela", "provider_name": "El valle de Turon", "type": "rich"}